Lorena Marián Silva
Una vida dedicada al proteccionismo animal en Río Grande

Lorena nació en la ciudad de Bahía Blanca provincia de Buenos Aires, un 17 de Marzo de 1974, pero pasó gran parte de su vida en Punta Alta, ciudad lindante. A los 6 años, la vida le arrebata lo más importante para una niña, su madre, que fallece en un accidente de tránsito. La vida continuó con un equilibrio inestable, como una mesa cuando arrancan una de sus patas, aún así logró estudiar y es por eso que decide trasladarse a la ciudad de Río Grande hacia 2008, en busca de mejores oportunidades laborales.
Es proteccionista en Río Grande con una vasta trayectoria dedicada al rescate y cuidado de animales en situación de vulnerabilidad. Su labor protectora comenzó formalmente el 5 de septiembre de 2015. Tras haber iniciado su apoyo en la Protectora Guardia Animal, decidió dar un paso al costado por temas personales, aunque no se alejó de la causa.
Junto a un compañero, Jerónimo Campos —dueño de la Farmacia de la Bahía—, decidió crear la página de Facebook «Amo a los animales», una plataforma que se convirtió en la herramienta principal y les abrió las puertas para solicitar ayuda económica para veterinarias, alimento, mantas y todo lo necesario para apoyar a los animales. Lorena explicó que la iniciativa nació de ver la enorme problemática y necesidad que había en la zona, especialmente en la Margen Sur de la ciudad, donde la situación sigue siendo crítica. Con el tiempo se sumaron colaboradores que aportaron el logo y las notas de portada, aunque el grupo inicial ya no está completo y muchos fueron dejando la actividad por diversas circunstancias.
A pesar de que Campos ya no participa activamente, sigue estando para cualquier necesidad. Respecto a la formalización institucional, explica que en Río Grande las únicas organizaciones consolidadas como Asociación Civil son Pocas Pulgas y Guardia Animal. Lorena y sus compañeros prefieren no tramitar la personería jurídica porque «lleva mucho tiempo, mucho laburo y plata», prefiriendo destinar esos recursos y tiempo directamente a los animales.
Anteriormente organizaban rifas para recaudar fondos y pagar los tratamientos, pero los entes encargados de la parte legal las prohibieron luego de que alguien los denunciara y les advirtieran sobre estas irregularidades. Ante esta limitación, implementaron una campaña de microdonaciones los primeros días de cada mes, publicando un flyer bajo el lema «Tus 100 pesitos suman». La colecta ayuda a sostener las deudas, aunque afirmó que casi siempre están en números rojos y pagando saldos pendientes con las veterinarias que las nuevas urgencias y la constante atención médica a animales accidentados o abandonados hacen que se torne cuesta arriba llegar a saldar ambas veterinarias.
En el marco de su trabajo diario, Lorena relató anécdotas que ejemplifican su dedicación. Recordó que una vez la llamaron a las 2 de la mañana porque había una foca bebé enfrente de una escuela al final de la calle Chawr. La chica que vio la situación había llamado a Defensa Civil, pero «no se animaban a agarrarla». Al llegar al lugar, Lorena se encontró con una situación desopilante: tres patrulleros y dos policías por patrullero custodiando que ningún perro se acercara al animal, pero ninguno tenía con qué agarrarla ni llevarla. Con una manta en la mano, Lorena bajó ante la mirada de cuatro agentes policiales, tapó a la cría, la agarró cuidando de que no la mordiera y la devolvió al mar.

Actualmente, el grupo físico activo y estable está compuesto por solo tres personas, pero trabajan en red con otras protectoras de la ciudad y referentes locales como Rosa Mansilla, de "Animalistas Patagónicos", para poder responder a la gran demanda de casos. Lorena destaca que en Río Grande «nos conocemos todos mejor que un remisero». Su modalidad de trabajo es amplia: reciben llamados por animales lastimados, abandonados o en peligro, o cuando alguien encuentra o atropella a una mascota. Trabajan en articulación directa con las veterinarias «Aldo Sanchez, de veterinaria Río Grande» y «Ana de Lauro y Nelly Quiroga de Alfa»; así Lorena autoriza la atención telefónicamente para que el animal ingrese sin necesidad de que ella tenga que trasladarse a buscarlo.
Recientemente, debieron intervenir tras un hecho de violencia en el que el dueño de una perra con nueve cachorros terminó golpeado fuertemente e internado en terapia intensiva. Debido a que el grupo solo contaba con Lorena activa en ese momento, llamó a Mansilla y juntas acudieron al lugar. A pesar de que la policía les indicó que los animales estaban judicializados cuando en realidad permanecían en la vía pública, lograron rescatar a uno de los cachorros. La red se complementa con hogares de tránsito fijos que reciben a las mascotas con el alimento garantizado.
Lorena califica la tarea como agotadora y señala la falta de apoyo institucional, así como la impotencia que generan las trabas burocráticas o policiales en situaciones de riesgo. Recuerda un hecho en un incendio donde pasó «40 minutos llorando a 3 metros con un perro del lado de la vereda» sin que los efectivos le permitieran intervenir para salvarlo. Dicha situación motivó reuniones con el intendente para redactar un protocolo de urgencia para animales en peligro, aunque los límites de competencia municipal dificultan la protección jurídica del proteccionismo.
En su domicilio personal, convive con nueve perros y un gato. Solo dos son suyos de manera permanente. Varios de los demás son rescatados de situaciones críticas, como los 25 animales que rescataron en 2018 de un caso de maltrato extremo en “el infierno Valle del Lobos”, donde los animales sufrían tanto hambre que ingerían trapos y sogas. Lorena señala que «la mayoría de las personas no adoptan por amor, adoptan por belleza», motivo por el cual mantiene en su hogar a las perras de pelaje oscuro con la esperanza de encontrarles familia, además de otras tres perras con severos traumas y dificultades psicológicas por maltrato. A estas últimas las está rehabilitando con paciencia y dedicación, sentándose a darles de comer de su mano todas las noches para reconstruir su confianza a través del estímulo.
Toda esta dedicación convive con una doble jornada laboral en educación especial y el cuidado de su padre. A pesar del cansancio, Lorena mantiene su compromiso con el proteccionismo, aunque con algunos límites necesarios para su salud, como silenciar el teléfono a partir de las 10 u 11 de la noche. Asimismo, mantiene una articulación directa con los demás grupos de rescate y con la Dirección de Zoonosis, lo que facilita el trabajo colaborativo en casos específicos.
Finalmente, subrayó que no reciben ningún tipo de subsidio o donación formal del municipio ni del gobierno. El sostenimiento diario opera únicamente con el aporte y la colaboración esencial de la comunidad, que confía en su trayectoria de más de diez años en las calles y envía donaciones anónimas de dinero o alimento. Lorena resume que su mayor satisfacción es ver el progreso de los animales: desde la atención de partos o la recuperación de animales desgarrados o hallados moribundos en la nieve, hasta recibir una fotografía de ese mismo animal recuperado y adoptado, durmiendo en la cama o en la silla junto a su nueva familia en un hogar definitivo; esa es la mejor paga para su trabajo.


